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ULM: Costa Vella

Rúa da Porta da Pena, 17
Santiago de Compostela
Supongo que no descubro la pólvora si os digo que pese a “Xacobeos” y “Pelegrines” que pugnan por convertirlo en parque temático, Santiago todavía conserva multitud de rincones en los que, si estás mínimamente receptivo, al poco de entrar, te puedes transportar a épocas que no saben nada de prisas, velocidad o estrés y donde pervive todavía un aroma a “aldea” que muchos residentes agradecemos.
Uno de mis rincones favoritos es un hostal, hospedería, posada con encanto o como queráis llamarlo (últimamente el sector turístico rezuma imaginación en sus propuestas) que ha tenido la gran idea de permitir que cualquier compostelano de a pie o visitante fugaz comparta un pequeño lujo en los tiempos que corren como es disfrutar de un coqueto jardín privado en pleno casco histórico santiagues.
El Hotel Residencia Costa Vella, que así se llama el lugar, está situado al borde de la antigua muralla medieval, en la calle Porta da Pena (o Puerta de la Peña), una de las siete que daban entrada a la antigua ciudad. Su céntrica situación lo convierte en un sitio ideal como descanso fugaz del exigente periplo xacobeo o como  punto de reunión previo a una buena sesión de vinos y  tapeo por calles más concurridas. 
Quien traspasa sus muros se encuentra acogido por un coqueto jardín,  bordeado por una parra y salpicado del número de mesas suficiente para evitar aglomeraciones y barullo. Los días soleados de primavera (si tal cosa existe) o las tardes apacibles de verano y por el precio de una consumición, puedes conjurar al espíritu de Doña Emilia Pardo Bazán y transformarte en uno de aquellos burgueses decimonónicos que no tenían reparo en malgastar su tiempo releyendo una y mil veces el periódico, hojeando perezosamente una novela, escribiendo a alguien que te eche de menos o simplemente practicando el noble arte de pasmar al sol mientras escuchas la banda sonora de mirlos, petirrojos, jilgueros  y demás residentes que por allí pululan. Una vez dentro y si el clima ha sido misericordioso con nosotros hará falta más de una plegaria al Apóstol en petición de la fuerza de voluntad suficiente para levantarnos y partir.
Angeles Gil

ULM: O Fogar do Santiso

Una de las mejores cosas que tienen las vacaciones es la gente nueva que conoces con cosas que contar. Así que cuando fuimos a Pontedeume hablamos de muchos sitios que tendrían la consideración de "un lugar en el mundo" y de volver, para poder visitarlos o revisitarlos. Uno de esos sitios cuya visita ha quedado aplazada es "O Fogar do Santiso" un lugar de tradición y espíritu gallego del que nos habla Jose
O FOGAR DO SANTISO
En Santiago de Compostela, dónde dicen que la lluvia es arte y a veces el apóstol nos aleja del mundo a lugares escondidos, a 7 Kilómetros del casco urbano, cogiendo la nacional 550 dirección Pontevedra y cortando a la izquierda al llegar a lo mas alto del Milladoiro, por una carretera local dirección Cacheiras y luego Luou, (desde allí no tiene perdida), existe una casa típica gallega llamada O FOGAR DO SANTISO, con finca de aparcamiento incluida, dónde dan comidas, hacen queimadas, y hasta toca a veces un organillo el propietario: Es una casa grande de piedra distribuida por estancias, una principal y salas accesorias, (si se puede se recomienda cenar lo mas cerca posible de la barra), el suelo es de tierra y hasta hace poco apenas tenía escasa luz de candiles, En las paredes el dueño “Santiso” escribe poesía campestre. Se come (zorza, tortilla, pulpo, churrasco.....) eso sí, sólo con palillos y con la mano y el precio es muy económico. Todos los sábados a partir de la 1 de la noche, aproximadamente, Santiso se enfunda en una capa , apestosa por cierto y sobre las llamas misteriosas de la queimada crea un cuento de ficción con personajes quizás reales o no, dónde incluso si tienes un poco de suerte y atrevimiento puedes participar a modo de santa compaña. Al final un nuevo ”conxuro” de la queimada es recitado por él y repetido a grito partido por los clientes entregados a la causa.
No sé si es un lugar en el mundo, pero sí que las veces que fui a él, (imprescindible ir en grupo y darse un paseo por todo el local) adquirimos una desconexión mágica del mundo, quizás embriagados por la magia de la queimada, quizás convertidos en espíritus que vagan y cantan dejándose llevar por la oscuridad.
Jose Telle