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nº 28 viernes 8 de febrero de 2003

"Mexico: Ahorita mismo" es una expresión mil veces repetida que refleja el relajado concepto que tiene el mejicano de lo inmediato. Quizá sea un rasgo de la antigua sabiduría que mayas, aztecas y otros pueblos le legaran y que hoy convive con la profunda impronta española. Así que hoy nos vamos a Méjico, un pais de brillantes colores, de mezclas, de fuertes sabores y grandes contrastes para poner un poco de pausa en nuestras vidas.

LA CIUDAD DEL AMANECER.Inevitable e imprescindible, siempre desde Cancún, es una escapada hasta las ruinas mayas de Tulum desde dónde es posible observar uno de los panoramas más hermosos de todo Yucatán. Tulum -que los mayas realmente llamaban Zamá, amanecer- es la ciudad más oriental del mundo maya, con unas ruinas literalmente colgadas sobre un acantilado.Abajo ruge un mar verde esmeralda increible que se rompe en espumas y viento. Ver amanecer en Tulum es algo indescriptible. El sol va surgiendo de golpe del mar, como empujado por una mano mágica. De pronto, de la oscuridad se pasa a la luz plena. El mar, abajo, va iluminándose desde el azul añil al azul claro y, por fin, al verde esmeralda............Así es el amanecer desde Zamá, la ciudad del amanecer. Un espectáculo que por si solo vale un viaje.
Javier Villalba

Frida

Dirección: Julie Taymor
Interpretes: Salma Hayek, Alfred Molina, Geoffrery Rush
Julie Taynor no hace una biografía al uso de Frida Kahlo (Salma Hayek), repasa la trayectoria de su vida desde el accidente de autobús que la destrozó cuando sólo tenía 18 años y que le dejó graves secuelas, hasta su fallecimiento en 1954. Muestra la gran y tormentosa historia de amor que vivió con su marido el pintor Diego Rivera (Alfred Molina) y sus relaciones con Leon Trotsky y otras mujeres. La brillante interpretación de Salma Hayek nos deja ver a una fascinante mujer y artista del siglo XX, honesta consigo misma y con los demás, optimista y atormentada ( pintó de un modo subjetivo episodios de su vida ), que amó de una forma incondicional a su marido Diego Rivera, juntos compartieron amistad, política, amor y pasión por el arte; vivieron de un modo nada convencional, provocativo y chocante para la época.
El colorido y el vestuario enfatizan el amor de Frida por su pueblo y el juego de escenas de lo real con lo irreal hacen que el espectador entienda más a esta interesante mujer-artista adelantada a su tiempo.
Llama la atención la banda sonora de Elliot Goldenthal que ha sido uno de los mejores aciertos de la película.
Atimo