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Cuaderno de Bitacora: Un viaje especial. Nicaragua 1994

Para los que no lo conocéis, os cuento que Juan Vecino se fue hace unos años a vivir a Costa Rica. Hoy nos cuenta una escapada a Nicaragua que hizo desde allí con unos compañeros de trabajo. Os recomiendo su lectura, si os parece un poco largo imprimid el documento pero no dejéis de leerlo.
UN VIAJE ESPECIAL: NICARAGUA 1994
Quiero presentaros en este artículo de colaboración en "Viernes" un viaje que considero muy especial por la forma en que se realizó y los recuerdos que me trae.
El pasado día doce de marzo vi en TVE un programa de "En Portada" (La 2) sobre la situación actual de Nicaragua que me sobrecogió ya que la situación actual no difiere mucho a lo que yo pude ver hace nueve años.
El relato de esta pequeña aventura va mezclada con datos y textos turísticos de Nicaragua, país que me sorprendió por su variedad, situación socio-económica y la calidad humana de sus gentes.
1. LA COMPLICADA SALIDA DE COSTA RICA
El viaje comenzó en la costa del Pacífico de Costa Rica en donde vivíamos, en la provincia de Guanacaste desde donde salimos en un todoterreno hacia la frontera de Peñas Blancas y siguiendo la mítica carretera Panamericana, hablaros de Costa Rica sería objeto de otro artículo, pero desde la salida y hasta la frontera se comprueba la variedad de paisajes que componen este pequeño país, desde la frondosa costa Pacífica de Potrero, las llanuras cultivadas de caña de azúcar y pastos para el ganado hacia Liberia (capital de Guanacaste) y la espectacularidad misteriosa del bosque tropical seco del P.N. Santa Rosa.
Por cierto, circular por las carreteras de Costa Rica, aparte de ser una aventura, es como recorrer el mapamundi, pasas por Filadelfia, Grecia, Liberia (La "ciudad blanca", llamada así por la tonalidad de los terrenos sobre los que se asienta, está atravesada por el río Liberia que, a pocos kilómetros, forma imponentes cañones cubiertos de bosques galería de gran valor ecológico), Santa Cruz, Atenas, Cartago, Jamaica, Alemania, Brasilito … y finalmente la frontera.
Allí comenzaron los problemas "burocráticos", primero la comprobación de pasaportes. Con los españoles no hubo demasiados problemas pero una compañera de trabajo que era japonesa estuvo a punto de tener que darse la vuelta. Una vez pagadas las tasas correspondientes, abandonamos el paso fronterizo por Costa Rica y llegamos en 5 Km. al puesto fronterizo de Nicaragua, previamente, nos hacen un alto en el camino para fumigar el coche contra el mal del café, lo que consiste en que te bajan del coche y con un fumigador de gases rocían el coche por dentro y por fuera, indescriptible.
Ya en el paso fronterizo de Nicaragua empieza nuevamente el control de pasaportes y te sorprende la cantidad de gente que intenta escapar de la situación insostenible para ellos y sus familias que sufren países como Nicaragua, Guatemala, Honduras y el Salvador, autobuses llenos, familias con todas sus pertenencias a cuestas, gente en bicicleta, motos, caballos.
Comprobados los pasaportes, después de una hora de cola, llega el momento de comprobar la documentación del coche, como parecía que faltaba un documento, vuelta al paso fronterizo de Costa Rica a que me entreguen un justificante, y oh! Sorpresa, otra vez a fumigarnos, esta vez contra el gusano barrenador, que no sé exactamente qué es pero con ese nombre me imaginaba el Terminator de los gusanos. Después de cuatro veces de idas y venidas de una oficina fronteriza a la otra con sus correspondientes fumigaciones y cerca de cuatro horas de colas, trámites, justificaciones... y ruegos, llega el jefe de la cuadrilla y me perdona la vida haciéndome un pase a mano en una servilleta de papel poniendo que en su autoridad me permitía introducir el carro en Nicaragua por un periodo de 72 horas. Eso sí, de tasas sellos y timbres me quedó el pasaporte y la documentación del coche como si hubiera mandado una carta a la luna.
Una vez que superamos todos estos trámites, que a punto estuvieron de dar al traste con la excursión por desesperación, nos tomamos un café en la típica pulpería, estos locales son lo más perecido a la tienda de Molinaferrera (León) que he visto (muchos de vosotros ya sabéis a lo que me refiero). Allí se vende de todo, desde lámparas hasta pescado, con su pequeño bar (soda). La gente pide las cosas más increíbles en estos locales y raro es que no lo tengan en la maraña de estanterías de madera y cajas que hacen imposible que dos personas se crucen al pasar.
Como no teníamos una ruta predefinida, mas que el objetivo de ir a dormir a Managua, decidimos conocer Granada. Antes nos quedamos asombrados al ver el imponente lago Nicaragua.
2. GRANADA Y EL LAGO NICARAGUA.
Impresiona ver un lago tan inmenso en donde no ves las orillas del lado opuesto. Antes de llegar, un rambito de no más de 19 años, vestido de camuflaje, con la cara pintada y empuñando un Kalashnikov nos detiene en medio de la carretera, sabíamos que en esa región conflictiva aún existen en la zona fronteriza grupos de guerrillas que viven de los secuestros exprés de los turistas despistados como nosotros, era un soldado controlando la zona que lo más que hizo fue pedirnos los pasaportes y como no, el salvoconducto del carro que no le sorprendió. Al comprobar que éramos españoles exclamó, ¡la madre patria  y yo pensando.. la madre que te parió, por el susto que nos había dado.
Al suroeste de Nicaragua, junto a la frontera con Costa Rica, se encuentra el Lago de Nicaragua (Lago Cocibolca), el más extenso de Centroamérica. Con forma ovalada, el lago está comunicado con el Lago de Managua a través del río Tipitapa, los dos lagos están separados del Océano Pacífico por una estrecha franja de tierra. Contiene los únicos tiburones conocidos que viven en agua dulce, lo que demuestra que, antiguamente, los lagos estaban comunicados con el Océano Pacífico. Muchos ríos, incluyendo el río Tipitapa, desembocan en él. El río San Juan, que constituye la mayor parte de la frontera entre Nicaragua y Costa Rica, desemboca en este lago y forma los famosos canales de Tortuguero que salen en la fracasada película de Ridley Scott “1492: la conquista del Paraiso”. El lago contiene más de cuatrocientas islas. Ometepe, la isla más grande del lago, tiene dos volcanes, el Volcán Concepción y el Volcán Maderas, comunicados por un puente formado por la lava endurecida de anteriores erupciones. Algunas de las islas están habitadas. La agricultura es el sustento de la población.
El archipiélago Solentiname se emerge de las aguas del lago en torno a 1.500 m con su típica forma cónica de los volcanes que de críos pintábamos en el colegio. En definitiva, te quedas idiotizado con el paisaje que descubres.
Granada se sitúa al suroeste de Nicaragua. Es el principal puerto del lago y uno de los más importantes centros comerciales, industriales y de transportes del país. Tiene una población de unos 70.000 habitantes. Granada fue fundada por los españoles en 1523 y mantiene muchas de las antiguas iglesias y edificios de estilo colonial. Fue la ciudad más importante del país hasta el crecimiento industrial de Managua a finales del siglo XIX.
La impresión que nos dio esta ciudad es la de estar en Andalucía por la tipología de edificios que allí había y que para grata sorpresa estaban muy bien conservados, muchos de ellos restaurados con la ayuda de la Agencia de Cooperación Española.
Recorrimos Granada y nos acercamos hasta la orilla del lago Nicaragua en donde había una playa llena de niños jugando con las olas, sorprendente pero existen los lagos con olas. Nos tomamos una cerveza en una soda (parecido a un chiringuito de playa pero más sencillo) y nos fuimos a comer.
Para comer elegimos un restaurante preguntando a la gente del lugar y le pedimos que nos indicara algún plato típico para comer, sin dudarlo el camarero nos ofreció un pescado de nombre guapote y que se pesca en el lago. El pez en cuestión era un tremendo pescado que desde luego no hacía honor a su nombre ya que parecía salido de una película de Alien. Eso sí, de sabor y textura era excelente y animo a nuestros asesores de gastronomía que investiguen que tipo de pescado era eso.
Desde Granada partimos hacia Managua pasando por Masaya.
3. MASAYA Y LOS VOLCANES.
Localidad al suroeste de Nicaragua (100.00 habitantes). En Masaya recomiendo probar unos puritos muy suaves que encargábamos al personal nicaraguense que teníamos en la obra y que se llamaban La flor de Nicaragua y las artesanías indígenas (espectaculares las hamacas la cual aún conservo).
Esta llanura baja está surcada por una cadena de volcanes, varios de los cuales permanecen activos. Con respecto a los volcanes, al verlos te explicas el por qué de muchos de los desastres naturales que han castigado a esta región y la sensación de fragilidad que experimentas cuando contemplas alguno de los conos activos del volcán Masaya, parece la puerta del infierno.
4. LLEGADA A MANAGUA.
Con el ensimismamiento que llevábamos después de recorrer lo que os he descrito, nos despistamos con el horario y casi se nos hizo de noche cuando llagábamos a Managua y sin tener un sitio donde dormir. Nos dirigimos hacia el centro de la ciudad pensando encontrar algún sitio digno donde alojarnos y lo único que encontramos fueron calles totalmente destartaladas, llenas de gente y con un constante trasiego de mercancías de un lado a otro. No sabíamos exactamente donde estábamos y llegó un momento en el que sentimos miedo ante la incertidumbre, la multitud y la sorpresa de quien nos contemplaba al encontrase con un grupo de turistas en un coche, probablemente, en el sitio equivocado y en un momento poco oportuno. Ante esta situación, decidimos preguntar y nos recomendaron que fuéramos a algún hotel de las afueras en donde nuestra integridad no corriera peligro.
Por cierto, el centro de Managua está lleno de lo que se denominan autohoteles, que son locales para que las parejas puedan tener un buen rato de intimidad… allí te ofrecen una habitación por horas en donde pagas a parte las toallas limpias y el servicio de aseo. Los fines de semanas hacen ofertas del tipo "dos horas al precio de una y dos tragos de ron gratis". Por lo menos la higiene parece que la tienen asegurada por lo que nos contaba la gente.
Decidimos pasar la noche en el hotel Camino Real, establecimiento de una cadena Estadounidense típico para turistas y gentes de negocios. Parece un gueto aislado de la realidad del país y cuando estás en él sientes la fragilidad de la situación, vigilancia por todas partes, controles internos en el Hotel, … una cárcel lujosa.
5. MANAGUA.
Es la capital y la ciudad más grande del país (1.700.000 habitantes). Managua es una ciudad con muchas cicatrices. Después del terremoto de 1972 que destruyó gran parte de la ciudad y causó la muerte de 10.000 personas, hubo grandes zonas que nunca se volvieron a reconstruir. De este modo, las bulliciosas calles dan paso a espacios abiertos cubiertos de hierba y los cascotes de los edificios en ruinas permanecen cerca de los ruidosos mercados. Situada en la orilla del Lago de Managua es una ciudad polvorienta, calurosa y caótica con cerca de 600 barrios.
Cuando por la mañana decidimos ir a conocer la ciudad, la primera impresión es desoladora. Te encuentras en el centro de la ciudad y parece que no existe ciudad. Poca gente, situaciones sorprendentes como encontrarte la Catedral de Managua completamente abandonada, con familias enteras viviendo dentro y con todas las manifestaciones de los terremotos en sus fachadas llenas de pintadas por la lucha social, política y revolucionaria. Poco tráfico de coches, mucha policía y ejército, ruinas por todas partes …
Un monumento conmemorativo a la revolución sandinista nicaragüense, de forma circular, ocupa la plaza de la Revolución de Managua cerca del edificio de la catedral vieja de Managua. El devastador terremoto de 1972 la derribó en su mayor parte, quedando las ruinas como recuerdo del desastre.
Preguntamos a un policía y nos indica que la gente está en los mercados y zonas periféricas, el centro está destinado a los políticos, el ejército y la gente de negocios en donde tienen sus edificios impecables, junto a otro que sorprende por su cuidado y modernidad que es el Centro Cultural Rubén Darío a orillas del lago Managua.
6. EL MERCADO CENTRAL DE MANAGUA.
Decidimos por lo tanto conocer la Managua de verdad y nos dirigimos al Mercado Central de Managua. Allí nada más llegar un niño de unos cinco años se ofrece, muy educadamente, para cuidarnos el carro a cambio de una propina en dólares a ser posible. Accedemos a sus servicios y en la funda polvorienta de la rueda de repuesto pone su nombre "Fredy".
La sorpresa llega después de recorrer el mercado cuando Fredy no está y su nombre ha sido borrado de la rueda, poniendo ahora "Walter" personaje que era otro niño de unos 10 años que sospechamos había coaccionado al anterior para que suspendiera su negocio… ¿economía de supervivencia?.
Este país tiene una población extremadamente joven. Casi dos tercios de sus habitantes tiene menos de 25 años. Durante los años ochenta, este segmento de la población realizaba manifestaciones de protesta contra la política del gobierno sandinista sobre la obligatoriedad del servicio militar para los hombres. En 1990, los nicaragüenses con más de 16 años tenían la oportunidad de votar en elecciones libres, un paso más hacia el final de más de una década de lucha civil. Lo que si es patente cuando paseas por Managua es que el 65% de la población masculina está desempleado, con todas las consecuencias sociales que esto conlleva.
El mercado central es la mega-pulpería. Un inmenso recinto parte cubierto y parte al aire libre en donde se puede comprar y comer de todo. Hablando de Centroamérica y concretamente de Nicaragua en inevitable hablar de sus desayunos y comidas que te ofrecen en todos los sitios: una comida básica en Nicaragua se compone de huevos, frijoles con arroz y tortillas. Este plato puede servirse como desayuno, comida o cena. Otra comida muy habitual es una mezcla de arroz y judías llamada gallo pinto.
El centro original de la ciudad, construido sobre un terreno plagado de fallas, fue abandonado en 1972 tras el trágico terremoto. Desde entonces el desarrollo comercial y residencial se ha desplazado a las afueras.
Dentro del mercado pasamos situaciones muy curiosas con las gentes que en el comercian. Se interesan en preguntarte como es España y en algún momento te sientes acosado por algún que otro carterista, manteniéndose esa sensación de inseguridad que desde que entramos en el país sentíamos, aunque desmitificando muchas de las leyendas que desde Costa Rica nos contaban acerca de Nicaragua.
Lo más práctico de recorrer el mercado es conocer como la gente puede sobrevivir a su precaria situación con ingenio y comprobar como se hace una ciudad sólo con sus gentes y omitiéndose el sentido físico que tenemos de una urbe: calles, coches, tiendas, plazas, eso no existe.
Si tengo que recomendar qué adquirir en el mercado me decantaría por los artículos de cuero: sandalias, mochilas, sillas de montar, cinturones y algunas curiosidades en barro de los antiguos indios chorotegas que poblaron la zona centroamericana. No hay que olvidar las confortables y coloristas hamacas que elaboran y tiñen artesanalmente.
7. VIAJE DE RETORNO A COSTA RICA.
El final de este accidentado viaje está marcado por una anécdota que define muy bien la situación de esta zona del mundo y que después de nueve años aún recuerdo como si fuera ayer.
Cuando abandonábamos Managua con destino a Costa Rica, en un semáforo a las afueras de Managua, un niño de cortísima edad se abalanza sobre el capó del coche (perdón, carro) y se pone a limpiar desesperadamente el parabrisas, intentando decirnos algo ininteligible en inglés. No se si debido a la situación de tensión que habíamos padecido o al susto que nos dio, una de las pasajeras de mi coche se asusta y le grita al niño que se baje del coche.
Es en ese momento cuando todos somos testigos de la indefensión de los niños en este país y de la inocencia que pese a la adversidad de la situación de Nicaragua aún no ha perdido, ya que por mucho que se le explote, obligue a trabajar o se sienta desarraigado de su familia, la mirada de un niño asustado y su ternura se hizo manifiesta en ese momento. Esta es la imagen que me queda de Nicaragua y la enseñanza que este viaje me mostró.
Cuando llegamos nuevamente a Costa Rica y nada más cruzar la frontera, nos desviamos a la bahía de Salinas a contemplar una impresionante puesta de sol que venía a significar la vuelta a la rutina y el tapar los ojos ante las calamidades que habíamos visto en Nicaragua.
Sé que no es el tipo de viajes que hasta ahora se incluían en "Viernes" pero desde luego es otra forma de viajar y conocer otros mundos.
Juan Vecino    

Cuaderno de Bitacora: Viaje a Nicaragua

Aunque con un poco de retraso no quiero dejar de mandaros una breve reseña del viaje que hice a Nicaragua. Lamentablemente para la mayoría de los españoles este país centroamericano solo es conocido por ser  un nido de conflictos políticos, guerrillas o desastres naturales, pero la verdad es que Nicaragua ofrece al visitante una cara amable y verdaderamente bella que merece la pena descubrir. Al margen de la interesantísima información histórica que, para los amantes de estas materias, ofrecen ciudades tan emblemáticas como Granada o León, en las que se conserva todo el encanto colonial y que ya de por sí merecerían una visita a este país centroamericano,  en mi opinión, lo verdaderamente hermoso de esta tierra es su exuberante naturaleza que llega incluso a ser insultante para personas que como yo viven rodeadas de secano.
Como mi visita fue por razones de trabajo no pude estar allí más de una semana y aunque me moví todo lo que me fue posible lo cierto es que me quedaron muchas cosas por conocer.  Sin duda lo que más “rabia” me dio fue perderme rincones tan bellos y desconocidos como los que nos ofrece el Caribe Nicaragüense en el que, según me cuentan,  la belleza de la costa continental se completa con las fantásticas Islas del maíz (Corn Islands), consideradas un pequeño paraíso tropical rodeado de playas vírgenes de arena blanca y cocoteros y en las que el ambiente cien por cien caribeño convive en perfecta armonía con la tranquilidad de la isla. ¡Otra vez será!.
Tuve, sin embargo, la fortuna de conocer la costa del pacífico en la que por suerte, para los que la globalización empieza a aburrir, es posible encontrar aún lugares alejados de la “mano amiga” del primer mundo. Playas largas, tranquilas, habitadas tan sólo por pescadores, en las que se puede disfrutar de algo que en nuestro país empieza a ser imposible: la paz de la costa.
Pero Nicaragua no se conforma con asomarse al Caribe y al Pacífico, ya que, además, este sorprendente país nos regala la visión de unos maravillosos lagos ( el de Managua y el de Nicaragua) que por su tamaño y belleza bien pudieran parecernos, tal y como les ocurrió a los primeros conquistadores españoles, otros dos mares, esta vez privados, sólo para Nicaragua, y que parecieran especialmente diseñados para acompañar a la multitud de volcanes que los rodean. Montañas de silueta perfecta que, en algunos casos permanecen aún con actividad y en otros, inactivos, sirven de espectacular recipiente a la salvaje vegetación o a tranquilas y deliciosas lagunas.
Nicaragua además es verde, selvática. El país aparece cubierto de un manto de increíble vegetación de la que no se escapa ni la capital, ya que Managua, sin ser bella es original. Tal vez por falta de recursos o tal vez por miedo a nuevos temblores lo cierto es que Managua se esconde, siendo pocos los edificios que se atreven a asomarse por encima de la vegetación. La mayoría de ellos permanecen ocultos bajo los árboles que de todo tipo y enorme fertilidad pueblan estas tierras.
Pero Nicaragua es mucho más que naturaleza o arte. Es deporte de aventura, es sabor, es gente amable y alegre, es música al ritmo de la marimba y de la rumba. En fin, un país latino en el más puro sentido de la palabra. Un país que, por otra parte, sabe cuidarse, ya que ofrece una variadísima gastronomía de comida tanto tradicional (gallopinto, vigorón, etc.), como de carnes, (el riquísimo churrasco, tal vez demasiado hecho para nuestros paladares) o de los más selectos pescados y mariscos del mar, del lago, (como el feo “guapote”), o del río, de donde sacan increíbles camarones. Todo ello, por supuesto, acompañado por alguna cerveza nacional o juguitos de frutas  y completado, por supuesto, por el riquísimo “cafesito” de la zona.
En fin lectores de viernes, que para todos aquellos que queráis salir de los “tours” establecidos Nicaragua puede llegar a ser una aventura por descubrir. Estoy seguro de que os va a sorprender.
Alfredo

nº 97 viernes. 13 de agosto de 2004

Hace justo un año por estas fechas algunos lectores de viernes" navegábamos por las Antillas menores en lo que fue una aventura apasionante. Ha habido varias tentativas para contaros el viaje que no han cristalizado, quizá porque nadie se atrevía a resumir esos 11 días de navegación en los que vivimos experiencias de lo más diverso, en paisajes que se asemejaban a los escenarios de nuestros sueños.
El texto de hoy es el relato de alguien que vivió un viaje como el nuestro, es un poco largo, aunque merece la pena dedicarle un ratito. Por eso no lo he cortado, porque es muy interesante y te acerca a las sensaciones que tuvimos nosotros.  
EL RELATO
La actividad de navegar junto con la llegada a las Granadinas son los únicos dos elementos que pueden inspirar una parada en el tiempo, en toda su dimensión. El largo invierno ahoga nuestra imaginación. Experimentar una sensación o sentimiento nuevo a lo largo de los fríos meses es bastante inusual. Para los que el mar es nuestro medio, al embarcarnos, de nuevo nos invade una sensación de vuelta al hogar, a las raíces, a nuestros orígenes.
Emprendemos viaje con ciertos nervios... amigos de siempre....amigos nuevos que surgen...amores que despiertan. El aeropuerto también esconde su magia, como el preludio de cualquier nueva aventura. Disfrutar las horas previas tiene su aprendizaje.
Llegar a este punto ha costado bastante esfuerzo, coordinación y liderazgo.
Volamos muchas, bastantes horas. En el viaje de ida nunca son demasiadas.....y por fin, en el pantalán de Martinica, con mosquitos comiéndonos hasta las entrañas percibimos de nuevo la magia del mar, como cada verano, la esencia de la ilusión del invierno. Aún así sabemos que el viaje solo acaba de comenzar pero que también tocará su fin. Martinica al fin y al cabo, no deja de ser una prolongación de la civilizada Francia, eso sí, con cierta dosis Caribeña y con habitantes bastantes más relajados. Dotamos a nuestro nuevo hogar de todo lo necesario, comida, bebidas, y demás antojos individuales que a estas alturas del viaje se permiten y partimos.... rumbo a Santa Lucía.
Los delfines nos acompañan en la travesía aportando cierta frescura al día que ha decidido amanecer oscuro. La tripulación comienza a desestresarse tocando su cenit a la llegada a la enorme playa esmeralda que será nuestro refugio los próximos dos días. Los indígenas nos dan muestras claras del poco valor que tiene el tiempo en sus vidas y lo mucho que significa para los que disfrutamos de este viaje. Bañitos, comidas ricas, ricas con productos del mar e imaginación a falta de recursos, excursiones por la selva, negociaciones interminables en la compra de atunes recién capturados. Y seguimos nuestra ruta, rumbo a Bequía.
Bequia prometía y cumplió. Los reencuentros con la tripulación de nuestros barcos acompañantes empiezan a tomar cuerpo. Los encuentros sociales a la luz de la luna, en las fiestas caribeñas, en los restaurantes, dan ambiente adolescente a los que ya empezamos a cumplir años. La magia del Caribe sigue siendo el timón de nuestro estado.
Y van pasando los días. Se producen embarcos y desembarcos de nuevos aventureros que se suman a nuestro ritmo. Seguimos nuestra ruta hacia la isla de Unión. Las misiones están adjudicadas y el trabajo se acumula. Repostar, limpiar la cubierta, recoger las numeras camisetas y bañadores acumulados en cabina a lo largo de la travesía. A pesar de convivir en pocos metros existe una cierta armonía que nos hace cómplices. Compartimos momentos de autismo y aislamiento, lecturas y partidas de mús, copas al atardecer en vaso común, últimos baños a la luz de la luna, excursiones de buceo compartida con depredadores, pesca, momentos de mujeres, y momentos de hombres, alegrías y bailes en la cubierta, conversaciones que Madrid permite tener, amistades que parecían haberse olvidado, Alfa Blondie y Maita Vende son nuestros fieles compañeros. Nos asusta que pasen los días .... ninguno quiere volver. Seguimos hacia la isla de Mayreau y Canouan. A pesar de ser difícil clasificar cada día y cada isla todas tienen sus diferencias. El único denominador común es la soledad de sus playas. No compartimos viaje con otros turistas, no hay prácticamente infraestructuras hoteleras en las Granadinas, ni carteles luminosos que anuncien actividades para los despistados. En este viaje nos hemos convertido en locales y así nos lo hemos creído, adaptándonos a sus comidas, sus salidas y sobre todo su ritmo.
Y siguen pasando los días, sin saber si es lunes o viernes, si pescaremos o no para la cena, y si nos llegará el agua potable. Nada importa demasiado porque todo adquiere la dimensión que le corresponde. Estamos a punto de finalizar el viaje: tan solo nos quedan tres islas más, St Vincent, St Lucía y Martinica. Hemos dejado las Granadinas atrás pasando horas de tensión: cola de huracán que casi nos hace retroceder, lesión en el hombro de una tripulante... Las provisiones se van agotando... el estado de ánimo decayendo. Los últimos días de estas largas travesías suelen anticipar la despida. La sensación de ¡ya no quedan días! te hace no disfrutar de las últimas horas.. y eso fue lo que ocurrió... la vuelta trajo el desasosiego de saber que habrá que esperar otro largo año... las horas de avión se convirtieron en meses, las miradas se cruzaron intentando reforzar las raíces, y los mas activos organizaron encuentros en Madrid.. al día siguiente, o quizá más tarde pero el caso es poder compartir lo último que nos queda... las fotos... esas fotos maravillosas que ocupan un lugar privilegiado en nuestras casas, que son compartidas por otros amigos que no pudieron acompañarnos o simplemente son menos afines al mar...esas fotos que miramos de nuevo en invierno esperando que llegue el verano, para poder compartir otra experiencia parecida que nunca será igual... el año que viene será Cuba, o quizá Sicilia, o las islas Griegas... lo debemos decidir... pero las Granadinas ya están registradas en nuestros pensamientos y no se pueden escapar... que pena los que no otorgáis a vuestras vidas la experiencia de vuestras vacaciones navegando en el inmenso mar, con sus islas y pueblos aislados, su fauna misteriosa, su despertar
silencioso y apacible, su desafiante enfado si se le provoca, su sentimiento, casi divino.