Interpretes: Catalina Sandino Moreno, Virginia Ariza
He de confesar que hacía tiempo que una película no me
impresionaba tanto. Normalmente estamos acostumbrados a ver películas que son
eso, “películas,” historias más o menos reales, pero María llena eres de gracia
es una película basada en miles de historias muy crudas y por supuesto reales.
La acción,
primero nos sitúa en lo que, creo, es la realidad cotidiana de Colombia. La
vida que lleva nuestra protagonista en un pequeño pueblo al norte de la
capital, Bogotá, viviendo humildemente
con su familia en una pequeña casa con lo necesario para subsistir.
También nos muestra el trabajo de María en una plantación de flor cortada,
donde las condiciones laborales son extremadamente duras, con un salario
ridículo, todo esto sumado a la situación personal e intima que vive María,
hace que busque una salida en la capital. Allí encuentra a un joven que le
ofrece la posibilidad de hacer de correo de droga hasta Nueva York: lo que en
Colombia llaman “MULAS”. María que es una adolescente de carácter fuerte y
templado decide hacerlo para salir de la difícil situación en la que se
encuentra ella y toda su familia.
El director
Joshua Marston nos muestra con extrema dureza y fidelidad todo el proceso que
se lleva a cabo en este tipo “negocios”, desde que la “mula” se prepara para
ingerir una buena cantidad de “pepas” de cocaína hasta que recibe su dinero,
suponiendo que todo salga bien. Una visión que mantiene al espectador en
tensión, frío, expectante, esperando, quizá, un desenlace fatal. Afortunadamente
el filme transmite un mensaje de esperanza en el futuro que le espera a María;
aún así, es difícil olvidar el calvario por el que tiene que pasar nuestra
joven protagonista. Todo este trance la obliga
a asumir una madurez precipitada.
Para mí el
mensaje de la película es claro, y os lo quiero transmitir a vosotros, y es que
detrás de esas caras, rasgos y expresiones, de tantos inmigrantes que vemos
cada día a nuestro alrededor, tan cerca de nosotros pero a la vez tan lejos, en
el metro, en la parada del bus o trabajando en cafeterías y restaurantes,
detrás de esas mismas miradas está también la de María buscando un futuro mejor
que la tierra que la vio nacer no le puede dar.
Tomás
Arribas


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