Es una de las zonas invernales por antonomasia, a la que
acuden puntualmente miembros de la realeza, ricos y famosos. Pero sobre todo,
los Parques Nacionales de Jasper y Banff rinden culto a la naturaleza como muy
pocos lugares del mundo hacen. El largo desplazamiento no decepciona a ningún
amante de la nieve y las montañas.
Es difícil que uno deje de sorprenderse por la majestuosidad
de las Montañas Rocosas, elevadas sobre el horizonte, fundiéndose con el cielo
azul y custodiando las reservas de indios que todavía existen. Es éste un claro
ejemplo de belleza natural que se disfruta en su verdadera magnitud en completa
soledad.
Pedro Madera

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