Por desgracia pasará algún tiempo hasta que pasear por las
calles de Jerusalén vuelva a ser una experiencia que solo despierte en nosotros
las sensaciones que nos devuelven sus calles y edificios en los que la historia
y el "mestizaje" de religiones y culturas son el aroma que impregna
todas las esquinas. Mientras tanto, nos escapamos a uno de sus rincones más
especiales de la mano de una privilegiada guía.
EL PATIO DEL AMERICAN COLONY EN
JERUSALÉN
Hay un lugar en mi memoria. Un lugar al que siempre quiero
volver. Está en Oriente Medio. Ese lugar maldito del mundo, dónde la luz es más
cálida. En Jerusalén Este, muy cerca de la puerta de Damasco. En su interior
encuentras un patio con naranjos y con el ambiente más cosmopolita y al mismo
tiempo exótico que recuerdo. En las mesas vecinas cenarán periodistas,
diplomáticos y espías. O puedes estar al lado de las fuerzas vivas de la
autoridad nacional palestina (o antes era así).
El edificio tiene una historia curiosa. Fue construido por
un pachá y comprado por un grupo de americanos de la iglesia evangélica sueca
que buscaban consuelo tras una tragedia familiar. Ahora se ha convertido en un
hotel de lujo. No siempre fue así.
Lo he recordado porque lo encontré ayer en un libro que recoge los 1000
lugares del mundo que uno debe ver antes de morir.
Ana Ruiz

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