Giuseppe Tommassi de LampedusaAlianza Editorial
Es Sicilia, es la decadencia, es Visconti... Hay libros que
pertenecen de alguna forma a un subconsciente colectivo y que se ligan de forma
inconsciente a determinadas imágenes. A muchos de nosotros, el Gatopardo nos
remite la frase de que todo tiene que cambiar para que todo permanezca en su
sitio. Es la fotografía de la decadencia de la aristocracia. De la aristocracia
que se resiste a abandonar su elitismo.
El Príncipe Salina antes de morir se reconoce como un
individuo perteneciente a una especie que se extingue. La de aquellas personas
que tienen recuerdos de la infancia totalmente diferentes a los de las personas
de su generación. La de los aristócratas no democratizados.
Aunque el príncipe percibe la necesidad de cambiar para
seguir con la misma vida, identifica la esencia siciliana, cuando le ofrecen el
cargo de senador. Los griegos, los romanos, los normandos, todos decidieron el
porvenir de Sicilia. Pero los sicilianos no se identificaron con ellos. Sólo se
dejaron dirigir. Él, el último aristócrata, no va a fingir que se deja dirigir
por la nueva tribu.
Tancredi (su amado sobrino, unido a las fuerzas de
Garibaldi) y Angélica (la hija del alcalde parvenu) que podrían representar el
amor lírico y pasional, no dejan de ser representados por Lampedusa como el
amor interesado y la unión práctica. La unión ideal de la clase y el dinero.
En definitiva, que nada ha cambiado.
Ana Ruiz

No hay comentarios:
Publicar un comentario